MI PIEL DESEA SU SUDOR.


Mi piel desea su sudor,
quiere saber quién es quién
para caerse bien;
volver alrededor
de la primera piel.

Mis toxinas invasoras
no son mías,
me las pegaron a cambio
de un poco de honra pagada
a deshoras, en una barra
de la calle del Sol.

Mis carrillos y mis mollejas
parecen flotar sugiriéndome
mezclar mi carne
con los vapores de la birra
al birrete.

Mi cabeza declara estar muerta,
ha sido asesinada.
Los espejos de mi casa
se abalanzan de la mano
de la realidad, mal disimulada.

Pero yo no soy así.
Soy un atleta en paro
padeciendo una criba,
crisis incrustada en mi escenario.

Será porque dentro de cualquier ángel
siempre se le dejan
galletas y sorbos al diablo.
Será porque dentro de cualquier orden
habita el cataclismo,
el calendario de piel espesa que pica
deseando soltar lastre
y encontrar una salida.
Correr, correrse, correrme;
agotarse y agotarme,
abandonar esta montaña rusa y sucia.

Mi piel desea su sudor.
Una pena,
que al ponerme el chándal
descubra lo cómodo que resulta
para estar tumbado.
Dos penas,
con el mando en la mano
pero sin voluntad de ser
mi propio amo.

1 comentario:

Rosg dijo...

Hay días de terrible pereza, mental y física. Días en las que uno se recrea en la molicie, en los que parece que nada importa. Uno puede sudar sin moverse, sin correrse, sin más ni más.